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domingo, 7 de abril de 2013

Fidelidad con uno mismo

Ahora resulta que La Caixa nos da consejos. No digo que no sea con buena intención aunque también me parece normal que la duda asome en mi pensamiento. “Se fiel a ti mismo": ese es el mensaje que evocan en su último spot publicitario. Pues si señores, eso intentamos. Cada vez más intentamos ser fieles a nosotros mismos. Claro, hablo por mi pero creo que somos muchos los que pensamos así. Intentamos ser fieles a nosotros mismos queriendo dar lo mejor de nosotros a la sociedad, cada uno a su manera, con sus propias limitaciones y recursos. Intentamos hablar como pensamos, hacer lo correcto que acostumbra a ser lo que nos satisface, al menos a mi. Yo quiero ser fiel a mi misma y comprometerme con los demás apostando por una sociedad donde lo prioritario sea ayudar y no robar. Donde la sinceridad y la capacidad de autocrítica no se castigue con juicios de ignorantes sino que ayude a crecer. Que el error no sea un estigma sino algo visto para construir y aprender. Donde la política sea un voluntariado remunerado moralmente y la corrupción sea castigada, de verdad, como se merece. Si fuera fiel a mi misma no me permitiría que me representase gente que solo piensa en su propio interés. Si fuera fiel a mi misma robaría más para los pobres y predicaría una especie de comunismo anárquico humanitario. Ahora yo les pregunto a ustedes: ¿son fieles a si mismos? Me están diciendo que su fidelidad les permite anteponer los billetes de colores a las personas?. Pues nada, desde aquí les agradezco su consejo y espero poder seguirlo. Sin embargo, quisiera pedirles que ustedes también lo sigan y se apliquen el cuento (nunca mejor dicho) quizás así, algún día consigamos entre todos un cambio verdadero. Eso si , les pido por favor, que la fidelidad a si mismos sea guiada por la solidaridad y el amor con las personas y no por la avaricia que rompe el saco y este saco ya está deshilachado.

martes, 5 de febrero de 2013

Amour

Amour no es una película rápida, precisamente. ¿Cuántas veces hemos oído decir que vivimos en un mundo acelerado? Lo sabemos, es así. Todo lo hacemos rápido, con prisa, como si quedara mejor. Pero Amour es lenta como, en realidad, es el ritmo natural de las cosas. Nosotros vivimos rápido pero la vida necesita su tiempo. Conocerse necesita tiempo, querer necesita tiempo y vivir también. Quizá este sea el motivo de que haya planos tan largos sin que –al parecer- no ocurra nada. Para mí no solo es una apología a la lentitud y a la paciencia sino que además, es una manera de inyectar lentamente la tristeza. Acostumbrados a los melodramas o a esos momentos álgidos de las películas donde la ambientación y la banda sonora te llevan al lloro espontáneo, el film de Haneke no tiene nada que ver. Él lo sustituye con una tristeza seca, constante que va calando y se mete dentro de ti. Gracias al hilo argumental uno siente que la vida, en parte, es triste aunque también entiende que es sólo una cara de la moneda y que cuanto antes lo aceptemos, antes nos prepararemos. Haneke también nos encierra literalmente en un espacio claustrofóbico –toda la película ocurre en la casa parisina- eso sí, cultivado por la lectura y la música exquisita. Quizá sea un mensaje a seguir siempre aprendiendo y leyendo para mantenernos vivos. Tal como dice la protagonista increíble interpretación de Emmanuella Riva como Anne Laurent) “sabes perfectamente que la imaginación y la realidad nada tienen que ver” como evocándonos a confiar en la ficción para sobrevivir y con la que ella tendrá tan dulce -y amargo- final. La ficción nos transporta a mundos que queremos que existan y que son propios, lugares únicos para cada uno quizá reservados a nuestra salvación. A pesar de esa tonalidad aprensiva y desolada que respira toda la película, hay algo indiscutiblemente alentador: el Amor. Haneke no podría haber escogido mejor título: preciso y sencillo. El amor como acompañante de todo, el amor como imprescindible y necesario, el amor como un refugio. Sí, la película es triste. Sí, la tristeza te humedece de un modo tan lento que ni te das cuenta no obstante, y precisamente, eso la hace más intensa. Pero la lección es firme e importante para cualquiera de nosotros: necesitamos el amor y Haneke nos lo recuerda. Eso se lo agradezco. Eso, y que sus películas te rompan algún trocito de dentro.

domingo, 27 de enero de 2013

Django

Las películas de Tarantino no te dejan indiferente. Django ( hubo una primera versión filmada en el año 1966 por el director Sergio Corbucci) es para mi, un Spaghetti Western lleno de adivinanzas. Este film, narra la historia de Django (Jamie Fox), un esclavo cuyo brutal pasado con sus antiguos dueños le lleva cara a cara con el cazar recompensas de origen alemán, el Dr. King Schultz (Christoph Waltz). Schultz le sigue la pista a los hermanos asesinos Brittle y Django es el único que podrá reconocerlos, por ello, compra su libertad y le promete a cambio salvar a su mujer. La amistad entre Django y Schultz, queda bien forjada gracias a que el nombre de la mujer de Django coincide con el nombre de la heroína de una famosa leyenda alemana “Broomhilda” Von Shaf. El argumento es bueno, la escenografía es buena, la fotografía es buena y los actores son buenísimos. Como no podría ser de otro modo Tarantino nos regala un montón de guiños y referencias cruzadas entre si. Otras, originadas en su imaginación y que quizá nunca podamos resolver. No puedo estar de acuerdo con las críticas que han acusado a esta película de racista. No hay sólo blancos buenos ni negros malos, ni negros buenos ni blancos malos. Señores, yo veo todo lo contrario. El argumento es una exposición de contrastes donde, como en la vida, lo bueno o lo malo no depende del color de la piel, por supuesto. Hay de todo en la viña del señor y también hay muchas viñas y muchos señores…. Schultz-apellido que aparece también en Kill Bill (2) en el episodio ¨La solitaria tumba de Paula Schultz¨- es un hombre blanco y bueno que mata a blancos malos por dinero. Dicho así parece una frivolidad, pero el personaje es bueno y hasta entrañable en algunos momentos. Mientras que Samuel L. Jackson como Stephen es el hombre negro y malo, entrometido donde los haya y que llega casi a producirte urticaria durante la película, no solo por malo, sino por pesado. Los personajes se intercambian protagonismo y posición, el criado pasa a señor, el blanco pasa a malo, el negro pasa a héroe, el terrateniente pasa a víctima y así en todo el hilo argumental. Como espectador no paras de entrar en el juego de Tarantino: ahora creo yo y ahora decides tu. Tarantino mezcla géneros y giros argumentales tan bestias como en su guión de “Abierto hasta al amanecer”, sorprendiéndonos con la introducción de escenas desternillantes (los sacos en la cabeza dan mucho de si). No pueden pasarse por alto guiños como que el traje azul cutre, pero elegante, de Django es una réplica de un cuadro Blue Boy de Thomas Gainsborough (1727-1788)..por qué?. Investiguen ustedes…

O como que Leonardo DiCaprio se cortó la mano de verdad durante el rodaje de la escena en el comedor pero él mismo siguió la interpretación mientras Tarantino y el resto del equipo se quedaban pasmados y preocupados por el corte sangriento que se había hecho. El uso exacerbado del chorro sangriento de este director resulta ya tan habitual que provoca carcajadas, aunque otras escenas no puedan verse desde la comicidad por mucho que se quiera. Estas últimas son las que nos recuerdan la insultante estupidez humana y al hecho de cómo probablemente la ignorancia es la que da de beber a la crueldad. La película reclama la libertad, una libertad personal de blancos y negros, la libertad que es indispensable para seguir adelante y para VIVIR. El film no deja de ser un insulto a algunas capacidades humanas de las cuales estamos obligados a sentirnos avergonzados y por lo tanto, a cambiar.

miércoles, 2 de enero de 2013

Seguramente el hombre será el animal más extraño que existe en el globo terrestre. Ha logrado prácticamente todo lo que ha querido o está en ello. Ha inventado tecnología capaz de ultrapasar distancias y tiempo. Ha creado la instantaneidad. Aviones que reducen la distancias de rutas ancestrales. Ha inventado la literatura; capaz de transportarnos a otros mundos y convertirnos en otros personajes. Ha inventado la biotecnología, la nanociencia, teorías de la relatividad que apenas podemos imaginar. Ha inventado trenes de alta velocidad, aviones supersónicos, tanques invasivos, y cohetes turísticos. Pero qué pasa con la bondad?. La bondad ha existido desde siempre y sin embargo no hemos avanzado en ella. Que yo sepa no se ha inventado una bondad capaz de desplazarse a velocidad de la luz ni cohetes urgentes de necesidades. Qué ha pasado con nuestra conciencia?. En todo lo que hemos inventado hemos perdido la perspectiva. La perspectiva real de quién somos y qué hacemos aquí. Nuestra propia perspectiva ha hecho que nos engañemos en lo que somos en realidad. Ha hecho que nos creamos amos de un mundo en donde nosotros somos lo más importante. Pero debemos preguntarnos, quién ha decidido este punto de vista y por lo tanto cuánto de real tiene? Estamos dentro de una inmensa galaxia y no somos más especiales que los demás. La vida no tiene porque describirse según lo que precisemos nosotros. El mundo no está aquí por nosotros. Él ya estaba mucho antes y lo que vivimos nosotros es sólo el mundo que nos hemos descrito, no debemos olvidarlo. La ciencia no deja de ser una descripción del código que el mundo ya está utilizando desde siempre. Nos hemos empeñado en describir y analizar las cosas, la vida, las otras personas y animales desde nuestra medida, desde nuestro propio mundo. Y qué más lejos de la realidad?…ese mundo sólo existe en nosotros. Todo lo que hay aquí fuera está porqué existe, no para servirnos ni para poder ser descrito por nosotros. Esta es la perspectiva que hemos perdido. Debemos imaginarnos pequeños, diminutos, pero no vulnerables simplemente no especiales. No tienen nada de malo. Estamos vivos y eso es lo más importante. Estamos condenados a describir el mundo desde nosotros mismos y vivir con nuestra propia visión, si queremos. Podemos cambiarlo, sólo hay que quitarse de encima el invento de la yoicidad, el ego despiadado que nos aísla de los demás, de la vida y del mundo original. Si uno se desprende de eso ve el mundo tal y como es, en su esencia sin subjetividad. Queda sólo la objetividad de ver aquello que hay, no aquello que uno quiere ver o que puede ver a través de su propio código. Los empiristas tenían razón, pero los racionalistas también. Solo sabemos pasar de un lado a otro como las eras históricas y artísticas: de romanticismo a realismo, de realismo a abstracción como un péndulo que no quiere parar, que no encuentra el equilibrio. Y porqué? pues por que percibimos desde nuestro propio mundo y en él existe una combinación de egoísmo, protagonismo, ambición, racionalidad y subjetividad empirista que quiere convertirnos en eternos protagonistas. Salgamos de ahí.

lunes, 17 de diciembre de 2012

La Panacea para estos tiempos

La solución está ahí, siempre ha estado y mira que es fácil...

"Según Kropotkin, la sustancia de la historia la forma la lucha entre las fuerzas de ayuda mutua y cooperación por un lado y, las de competencia y egoísmo humano por el otro.  La historia escrita analiza, describe y, lo que es más importante, glorifica la autoafirmación del individuo o de grupos de individuos, sus luchas por la superioridad y los conflictos que originan. La historia tal como ha sido escrita es casi totalmente una descripción de las formas y los medios en que la teocracia, el poder militar, la autocracia y, más tarde, el dominio de las clases más poderosas se han promovido, establecido y mantenido. Kropotkin proclama que esto supone  una ceguera ideológica, cuyo propósito es la justificación del capitalismo y hacernos olvidar el papel histórico que ha tenido la ayuda mutua, prácticas que nacen de los sentimientos de los hombres de solidaridad humana y sociabilidad. La ayuda mutua creó las auténticas condiciones para una vida social en la que el hombre pudo desarrollar sus artes, su conocimiento y su inteligencia. Su conclusión es la de que los períodos en que las instituciones basadas en la ayuda mutua se desarrollaron más completamente fueron también los períodos de máximo progreso en las artes, la industria y la ciencia. Kropotkin arguye que debería construirse la alternativa al capitalismo a partir de las lecciones aprendidas del gran barrido de la historia. Su investigación empírica demuestra que durante largos períodos de tiempo los humanos vivimos en grupos organizados en torno a los principios de cooperación y de apoyo mutuo. Se vio que estas eran las únicas bases permanente para la vida social; la cooperación y el altruismo eran nesupervivencia de la propia progenie, esto fue incluso reconocido por Darwin. El capitalismo está basado en la competencia y esta contradice las lecciones dadas por la historia antropológica. Podemos comprender de dónde procede la competencia; probablemente fue fundacional como fuerte de energía desesperada en los tiempos de amenaza externa grave. Esos períodos de lucha por la supervivencia individual probablemente fueron de corta duración. Por tanto, en el capitalismo elevamos una emoción reactiva, a corto plazo, a la categoría de motivación de largo plazo, de fuerza organizadora, función para lo que no es conveniente. Las sociedades basadas en semejante forma de organización autocontradictoria no pueden sobrevivir. Debemos volver a la cooperación y a la ayuda mutua, ideas estas que hemos seguido transmitiendo de una generación a otra a través de una historia popular susurrada" Extraído de "Carta a Kropotkin" del geógrafo Richard Peet

miércoles, 29 de agosto de 2012

Una excepcional reflexió al Museu Barbier-Mueller de Barcelona

A Barcelona, al Museu Barbier-Mueller d'Art Precolombí hi he trobat, entre d'altres, aquest tresor: "L'art sobreviu a les societats que les creen. És la cresta visible d'aquell iceberg que és cada civilització enfonsada. Es diu sovint que la comprensió estètica és il.lusòria: el que sentim davant un relleu de Palenque no és el que sentia un maia. És cert. També ho és el fet que els nostres entiments i pensaments davant d'aqeulla obra d'art són reals. La nostra comprensió no és il.lusòria: és ambigua. Aquesta ambigüitat apareix en totes les nostres visions d eles obres d'altres civilitzacions i fins i tot davant les del nostre propi passat. No som ni grecs, ni xinesos, ni àrabs; tampoc no podem dir que comprenem del tot l'escultura romànica o la bizantina. Estem condemnats a la traducció, i cadascuna de les nostres traduccions, sigui de l'art gòtic o de l'egipci, és una metàfora, una transmutació de l'original. En l'art precolomb´s la bellesa no era un valor aïllat; en uns casos estava unida als valors religiosos, i en d'altres, a la utilitat. L'art no era un fi en si mateix, sinó un pont o un talismà. Pont: l'obra d'art ens porta de l'aqui d'ara a un allà en un altre temps.Talismà: l'obra canvia la realitat que veiem per una altra.L'obra d'art és un mitjà, un agent de transmissió de forces i poders, altres. La funció de l'art és obrir-nos les portes que donen a l'altra banda de la realitat" De l'article d'Octavio Paz "L'Art de Mèxic. Matèria i sentit" (No us perdeu el Museu probablement el tanquin al Desembre'12)

sábado, 4 de agosto de 2012

Dominó

Hacía varios días que quería escribir pero me decía : “es que no tienes nada realmente relevante que decir”. Y hoy tengo algo. Tengo algo que decir porqué he descubierto que no hace falta nada especial para explicar algo importante. Hoy simplemente mi lesión me ha obligado a seguir sentada en mi jardín de las delicias que tengo en mi propia casa. Luego he jugado al dominó con mi abuelo. Algo tan sencillo me ha hecho muy feliz y hacia tempo que no sentía tanta serenidad y amor en un estado tan puro. Así que eso es todo. Os he avisado que no era especial, pero si importante.